Quien me conoce sabe que me encantan los gatetes. Bueno, mi amor (No es amor, ¡es una obsesión!) por ellos merece una (o varias) entradas aparte. Enigüei, cuando he visto este corto, que no sólo habla de un gatito, también hay un perrete bien majo (¡y yo también quiero mucho a los perrinos!), se me ha derretido el corazón.

Pero no es sólo la monosidad de ambos personajes la que me ha tocado la fibra, también la delicadeza de la animación, el golpe de realidad que introduce y su mensaje, que.. bueno, os dejaré que lo veáis solitos.