Puede que algunos lo sepáis, puede que muchos más no, pero casi hace cinco años estuve a punto de morir. Mi vesícula se había muerto en mi interior y los médicos casi no lo detectaron a tiempo.

Negligencias médicas aparte, esta situación me hizo empezar a pensar en la muerte de una forma más madura y positiva, lejos de los pensamientos más oscuros y depresivos que alguna vez me han agobiado en el pasado o en mis momentos más bajos.

Luego me he encontrado con noticias recientes, como que la casa funeraria más prominente de mi ciudad ha estado timando por más de veinte años a las familias que solicitaban ataúdes de gama alta y arreglos florales a la hora de cremar los restos de sus seres queridos, y bueno, me ha hecho pensar aún más en la muerte y lo que pasa a nuestro alrededor cuando la hora de marcharnos llega.

También ayuda que aquí en Inglaterra les parezca normal poner anuncios a la hora de la comida ofreciendo servicios y seguros funerarios. Vamos, que son una fiesta estos ingleses.

Aunque de miedo o cueste asumir, es algo natural y está presente en todo, a nuestro alrededor. La naturaleza va por ciclos, desde el paso de los días, las estaciones, el ciclo del agua, las plantas, los insectos, los animales. Todos nacen, crecen, a veces se reproducen y mueren. Está escrito en el ADN del universo. No se puede esquivar, es parte de la belleza del simple concepto de «existencia».

Entonces, ¿por qué negarse y cerrarse en banda cuando hablamos de la muerte? Con hacerlo no ganamos nada, es más, es algo bastante improductivo. La hora de marcharse puede llegar cuando menos te lo esperes, y muy probablemente sin que estemos preparados. Sin últimas voluntades, sin planes ni dinero para costearse el sepelio y una familia o allegados sin idea de qué hacer por ti y tu descanso eterno.

Curiosamente, tan sólo un día o dos antes de que saltase el escándalo de la funeraria de mi ciudad, Youtube, en su algorítmica e infinita sabiduría me hizo descubrir un canal (en inglés) llamado «Ask a Mortician» lo que se traduciría en «Pregúntale a una embalsamadora», donde la presentadora es, en efecto, una embalsamadora de Los Ángeles que habla sin complejos y de una forma muy positiva sobre todo lo relacionado con la muerte, lo que le sucede a los cuerpos, qué es lo que implica preservar los cuerpos, los secretos de la profesión, y casos de entierros célebres, etc. Aunque no solo habla de ella.

Desde su funeraria, ella promueve la muerte digna para todos, y entierros naturales y ecológicos, que además de ser económicos, respetan las funciones naturales del cuerpo y el lugar donde terminan nuestros restos.

En estos entierros naturales, los ataúdes se hacen de mimbre o se eliminan por completo y los cuerpos sin vida se envuelven delicadamente en sudarios, a la antigua usanza, para ser enterrados bien sea en una pradera, jardín o bosque, etc, donde la tierra se encargará de descomponer de forma natural lo que quede de nosotros. En vez de lápidas, se usan diferentes monumentos in memoriam que serán importantes para aquellos que eran cercanos al difunto, quienes los pueden guardar de recuerdo y no son invasivos… Oh, y los velatorios pueden hacerse en el hogar. Supongo que os hacéis una idea, es como volver a la tradición antigua, pero con la tecnología y los medios actuales.

Cuando descubrí esto, mis conceptos se revolucionaron un poco, pues nunca se me había ocurrido que, fuera de las películas de fantasía medieval, los entierros pudieran realizarse de otra manera que no fuese tanatorio, ataúd y crematorio/entierro y costando un ojo de la cara.

Y siendo sincera, cuanto más se cosas sobre el asunto, más se reduce la inseguridad y el recelo al pensar en mis planos de futuro definitivos.